miércoles, 19 de octubre de 2016

Cancer de mama.








El cáncer no se cura poniendo frases en redes,

se cura votando a partidos que no recorten en 

investigación, ni en sanidad, ni educación. 

TAMPOCO SE CURA PUBLICANDO ESTA ENTRADA
PERO AHÍ VA.
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miércoles, 28 de septiembre de 2016

50 Otoños.







50 Primaveras, Ecos del Rocío.


Corta el aire un abanico al son de una mecedora,
corta el aire un abanico al son de una mecedora,
al son de una mecedora
y se apaga un cigarrillo al relente de la aurora.

Se fue el último chiquillo,
esta tarde fue la boda,
esta tarde fue la boda,
tu no me llores amor mío ni a mi lado te sientas sola.

Gracias amor, muchas gracias por hacerme tan feliz,
por estar siempre a mi vera,
las cincuenta primaveras que viviste junto a mi.


Un enfado una sonrisa pero siempre al lado mío,
un enfado una sonrisa pero siempre al lado mío,
pero siempre al lado mío,
nunca faltó una caricia ni un beso para tu marido.

Y guardabas cada año,
en un pañuelo escondido,
en un pañuelo escondido,
cuatro perras para escaparnos siete días al rocío.

Gracias amor, muchas gracias por hacerme tan feliz,
por estar siempre a mi vera,
las cincuenta primaveras que viviste junto a mi.


Cuantas veces en tu vientre puse mis manos cansadas,
cuantas veces en tu vientre puse mis manos cansadas,
puse mis manos cansadas,
me preguntabas lo sientes, tus ojos como brillaban.

Siete hijos, siete flores que perfumaron mi vida,
que perfumaron mi vida,
son siete espejos de amores para mirarnos todos los días.

Gracias amor, muchas gracias por hacerme tan feliz,
por estar siempre a mi vera,
las cincuenta primaveras que viviste junto a mi.


No eres volcán en mi cama ni yo aquél fuego encendido,
no eres volcán en mi cama no yo aquél fuego encendido,
ni yo aquel fuego encendido,
pero nos arden las lamas de mil momentos vividos.


En la gloria de buscarte y allí con Dios por testigo,
y allí con Dios por testigo,
yo soy capaz de casarme cincuenta veces contigo.
Gracias amor, muchas gracias por hacerme tan feliz,
por estar siempre a mi vera,
las cincuenta primaveras que viviste junto a mi.


pinchar para oir la canción... 

jueves, 22 de septiembre de 2016

Otoño....






El otoño es una segunda primavera
cuando cada hoja es una flor.
                            Albert Camus 

     REFRANILLOS OTOÑALES. 

De lo hermoso, hermoso es el otoño.


Calabazas coloridas, en otoño recogidas.

Calenturas otoñales, o muy largas o mortales.

Cuando a las seis veas oscurecer, el otoño seguro es.

El agua que en otoño corre, es la que te saca de pobre.

En otoño, pan de ayer, vino de antaño y caldito a diario.

El otoño verdadero, por San Miguel (29 de septiembre) el primer aguacero.

En otoño y en invierno tiembla el enfermo.

Mucha agua en la otoñada, poco trigo y menos cebada.

Otoño entrante, uvas abundantes.

Tras secos veranos, otoños tempranos.

Si después de otoño seco llueve por Santa Bibiana (2 diciembre), llueve cuarenta días y una semana.

Si en septiembre ves llover, el otoño seguro es

Tan malo es para los niños el verano, como el otoño para el anciano.

Otoño presente, invierno en la acera de enfrente. 

En otoño, la mano al moño.


Mucha flor en primavera, buen otoño nos espera.

Quien cava en noviembre, el tiempo pierde

En octubre agua del diez al veinte, para todos conveniente


Sólo se acuerdan de Santa Bárbara (4 diciembre) cuando truena


Por San Miguel gran calor, será de mucho valor


Noviembre caliente, mayo helado


En pasando noviembre, quien no sembró que no siembre


Por San Martin, mata el pobre su cochino


Castañas, nueces y vino, son la alegría de San Martín (11 noviembre)

Noviembre, si las flores dan, coge el azafrán















De San Martín en adelante, ya no hay diablo que aguante

Octubre echa pan y cubre

Octubre, toma los bueyes y cubre

Otoño entrante, barriga tirante.
De duelo se cubre, quien no sembró en octubre

Agua de octubre, las mejores frutas pudre
Nieblas de noviembre, traen al sur en el vientre.
Nieblas de noviembre, traen al sur en el vientre.

Otoño entrante, barriga tirante
En Octubre, toma los bueyes y cubre
En Octubre, toma los bueyes y cubre
En Octubre, toma los bueyes y cubre

Pájaros de otoño, gordos como tordos 
 
Treinta días trae noviembre con abril, junio y septiembre, menos febrerillo el mocho que sólo tiene veintiocho



Me encanta el otoño, es la estación del año que mas me gusta. Así que no podia poner un tema mejor para actualizar el blog. 

 

martes, 26 de julio de 2016

LOS PASTORES DE MI ABUELO

LOS PASTORES DE MI ABUELO
I

He dormido en la majada sobre un lecho de lentiscos
embriagado por el vaho de los húmedos apriscos
y arrullado por murmullos de mansísimo rumiar;
he comido pan sabroso con entrañas de carnero
que guisaron los pastores en blanquísimo caldero
suspendido de las llares sobre el fuego del hogar.

Y al arrullo soñoliento de monótonos hervores,
he charlado largamente con los rústicos pastores
y he buscado en sus sentires algo bello que decir...
¡Ya se han ido, ya se han ido! ¡Ya no encuentro en la comarca
los pastores de mi abuelo, que era un viejo patriarca
con pastores y vaqueros que rimaban el vivir!

Se acabaron para siempre los selváticos juglares
que alegraban las majadas con historias y cantares
y romances peregrinos de muchísimo sabor.
Para siempre se acabaron los ingenuos narradores
de las trágicas leyendas de fantásticos amores
y contiendas fabulosas de los hombres del honor.

¡Ya se han ido, ya se han ido! Los que habitan sus majadas
ya no riman, ya no cantan villancicos y tonadas
y fantásticas leyendas que encantaban mi niñez.
Han perdido los vigores y las vírgenes frescuras
de los cuerpos y las almas que bebieron aguas puras
de veneros naturales de exquisita limpidez.

¡Ya no riman, ya no cantan! Ya no piden al viajero
que les cuente la leyenda del gentil aventurero,
la princesa encarcelada y el enano encantador.
Ya no piden aquel cuento de la azada y el tesoro,
ni la historia fabulosa de la guerra con el moro,
ni el romance tierno y bello de la Virgen y el pastor.

¡He dormido en la majada! Blasfemaban los pastores
maldiciendo la fortuna de los amos y señores
que habitaban los palacios de la mágica ciudad;
y gruñían rencorosos como perros amarrados
venteando los placeres y blandiendo los cayados
que heredaron de otros hombres como cetros de la paz.


II

Yo quisiera que tornaran a mis chozas y casetas
las estirpes patriarcales de selváticos poetas,
tañedores montesinos de la gaita y el rabel,
que mis campos empapaban en la intensa melodía
de una música primera que en los senos se fundía
de silencios transparentes, más sabrosos que la miel.

Una música tan virgen como el aura de mis montes,
tan serena como el cielo de sus amplios horizontes,
tan ingenua como el alma del artista montaraz,
tan sonora como el viento de las tardes abrileñas,
tan suave como el paso de las aguas ribereñas,
tan tranquila como el curso de las horas de la paz.

Una música fundida con balidos de corderos,
con arrullos de palomas y mugidos de terneros,
con chasquidos de la honda del vaquero silbador,
con rodar de regatillos entre peñas y zarzales,
con zumbidos de cencerros y cantares de zagales,
¡de precoces zagalillos que barruntan ya el amor!

Una música que dice cómo suenan en los chozos
las sentencias de los viejos y las risas de los mozos,
y el silencio de las noches en la inmensa soledad,
y el hervir de los calderos en las lumbres pavorosas,
y el llover de los abismos en las noches tenebrosas,
y el ladrar de los mastines en la densa oscuridad.

Yo quisiera que la musa de la gente campesina
no durmiese en las entrañas de la vieja hueca encina
donde, herida por los tiempos, hosca y brava se encerró.
Yo quisiera que las puntas de sus alas vigorosas
nuevamente restallaran en las frentes tenebrosas
de esta raza cuya sangre la codicia envenenó.

Yo quisiera que encubriesen las zamarras de pellejo
pechos fuertes con ingenuos corazones de oro viejo
penetrados de la calma de la vida montaraz.
Yo quisiera que en el culto de los montes abrevados,
sacerdotes de los montes, ostentaran sus cayados
como símbolos de un culto, como cetros de la paz.

Yo quisiera que vagase por los rústicos asilos,
no la casta fabulosa de fantásticos Batilos
que jamás en las majadas de mis montes habitó,
sino aquella casta de hombres vigorosos y severos,
más leales que mastines, más sencillos que corderos,
más esquivos que lobatos, ¡más poetas, ¡ay!, que yo!

¡Más poetas! Los que miran silenciosos hacia Oriente
y saludan a la aurora con la estrofa balbuciente
que derraman, sin saberlo, de la gaita pastoril,
son los hijos naturales de la musa campesina
que les dicta mansamente la tonada matutina
con que sienten las auroras del sereno mes de abril.

¡Más poetas, más poetas! Los artistas inconscientes
que se sientan por las tardes en las peñas eminentes
y modulan, sin quererlo, melancólico cantar,
son las almas empapadas en la rica poesía
melancólica y suave que destila la agonía
dolorida y perezosa de la luz crepuscular.

¡Más poetas, más poetas! Los que riman sus sentires
cuando dentro de las almas cristalizan en decires
que en los senos de los campos se derraman sin querer,
son los hijos elegidos que desnudos amamanta
la pujanza brava musa que al oído sólo canta
las sinceras efusiones del dolor y del placer.

¡Más poetas! Los que viven la feliz monotonía
sin frenéticos espasmos de placer y de alegría
de los cuales las enfermas pobres almas van en pos,
han saltado, sin saberlo, sobre todas las alturas
y serenos van cantando por las plácidas llanuras
de la vida humilde y fuerte que cantando va hacia Dios.

¡Que reviva, que rebulla por mis chozos y casetas
la castiza vieja raza de selváticos poetas
que la vida buena vieron y rimaron el vivir!
¡Que repueblen las campiñas de la clásica comarca
los pastores y vaqueros de mi abuelo el patriarca
que con ellos tuvo un día la fortuna de morir.
Gabriel y Galán, José María


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